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Identidades múltiples y múltiples discriminaciones
Apertheid y la lucha del movimiento lesbico
10/09/2009
Sudáfrica
África
 
Phumi Mtetwa es una activista sudafricana negra, muy consciente de la realidad del apartheid en Sudáfrica. Tuvo una participación activa en la lucha a finales de los años 80 y en los 90 y decidió concentrar su energía en vincular la lucha LGBTI con otros temas de justicia social y política. Fue Co-Secretaria General de ILGA de 1999 a 2001. Se mudó a Ecuador, en donde participó en el proceso de los movimientos sociales, incluyendo el Foro Social Mundial, el Diálogo LGBT Sur-Sur y la Red Global de Movimientos Sociales durante 7 años. Regresó a Sudáfrica en julio 2007 para dirigir el proyecto de igualdad lésbico gay. También se involucró en varias iniciativas de movimientos sociales como el Colectivo Amandla (www.amandla.org.za) y otras iniciativas progresistas de activistas en Sudáfrica después del apartheid.

En solo veinte años experimentaste la lucha contra el apartheid, la alegría de liberarte de un sistema social racista y el entusiasmo de vivir en una naciente democracia así como, tal vez, la decepción que se relaciona con las grandes expectativas después de esos tiempos difíciles. ¿Cómo es vivir esa pesada historia como mujer y como lesbiana?

El apartheid fue una realidad muy difícil, un crimen contra la humanidad en donde la exclusión y el sufrimiento de la gente negra también vieron destruir y desaparecer muchas vidas, lo que dejó un legado en la Sudáfrica de hoy. Venir de la lucha contra la opresión racial me ha permitido entender la discriminación y la exclusión basado en múltiples identidades. Mis últimos años como estudiante fueron un reto muy grande al ser parte de una batalla más amplia siendo lesbiana. Esas experiencias explican bastante el por qué continúo trabajando los temas de diversidad sexual en batallas más grandes por la justicia y la igualdad.

El Congreso Nacional Africano (ANC), partido de Nelson Mandela, fue considerado uno de los movimientos más revolucionarios en el mundo. Sin embargo, los derechos de lesbianas y gays no fueron parte del programa al inicio del movimiento. ¿Qué hizo al ANC cambiar de actitud hacia los derechos de lesbianas y gays? Y ¿de qué forma han contribuido las lesbianas y gays en la lucha contra el apartheid?

Sin duda, el envolvimiento activo de lesbianas y gays en el movimiento anti apartheid, especialmente en el ANC, ayudó bastante para retar internamente al ANC para que tomara una posición en cuanto a la orientación sexual. Existió un gran número de lesbianas y gays conocidos en la lucha contra el apartheid, pero pocos de ellos tuvieron el valor de hacer visibles los vínculos entre la opresión racial y sexual. Por lo tanto, el ANC tuvo como principio que nadie podía ser excluido ni discriminado basándose en lo que el régimen del apartheid oprimía a las personas. Recuerda que en Sudáfrica la gente fue perseguida y puesta en prisión también por ser homosexuales.

Participaste en diversas reuniones como activista lesbiana y negra, incluyendo la Revisión y evaluación de la implementación de la Plataforma para la Acción de Beijing en 2000 y la Conferencia contra el Racismo de Durban en 2001. Viendo hacia atrás, ¿qué crees que esos dos eventos internacionales importantes trajeron a los movimientos de lesbianas y LGBTI?

Sin duda Beijing en 1995 y su proceso de revisión en 2000 pusieron en un mejor lugar los derechos humanos de todas las mujeres; y los derechos de lesbianas fueron impulsados tan fuerte, liderados por la recién electa Presidenta de Sudáfrica, Nkosazana Dlamini-Zuma, y un amplio grupo de activistas feministas de todo el mundo. Es irónico como nuestro gobierno ha cambiado en contra de los principios para defender los derechos de las personas LGBTI en los espacios internacionales, notablemente las Naciones Unidas.

La Conferencia contra el Racismo significa tanto para mí, especialmente por lo que aprendí, los vacíos en el activismo, particularmente nuestra falla en resaltar los vínculos con las múltiples formas de discriminación y exclusión. Un resultado positivo que alcanzó la comunidad LGBTI que participó en este proceso fue el identificar un movimiento internacional para la libertad, la igualdad y la dignidad de un número significante de personas en la sociedad, que integraron a la comunidad LGBTI en su agenda de trabajo. Abrimos ojos, creamos conciencia y nos permitimos crear alianzas que no hubiéramos logrado de otro modo, por ejemplo con pueblos indígenas, especialmente de las Américas, Afro-descendientes, el pueblo Roma y así. Los retos ahora son cómo mantendremos ese momento y fortalecer un movimiento verdaderamente internacional que involucre diferencias de color, raza, sexual y de clase.

La constitución de Sudáfrica prohíbe la discriminación por orientación sexual, lo que la hace una de las más progresistas del mundo. Al mismo tiempo, tiene uno de los porcentajes más altos de violaciones a mujeres y a lesbianas en el mundo. ¿Cómo se puede explicar esta discrepancia?

Esos son algunos de los indicadores de un país que atraviesa una crisis social y económica extrema. En los últimos 5 años en particular, la clase pobre y trabajadora está perpetuamente en un ciclo de decadencia, marginación, de capital social frágil, de vulnerabilidad. Fuera de estas condiciones, varias ideologías se reproducen, y se desarrollan reacciones a la crisis. Las ideologías tales como la religión evangélica; regreso a la tradición; etnicidad y tribalismo; formas conservadoras de moralidad; etc., resultan en múltiples reacciones: grupos solidarios, capital social, por un lado, y crimen, violencia doméstica, pobreza, enfermedades e ignorancia, esencialmente, por el otro.

Las violaciones a lesbianas en Sudáfrica se enfocan en lesbianas “machas”, “masculinas”, “realizadas”, aquellas que van más allá de los roles de género tradicionales. Y esto puede ser explicado en parte por lo que mencioné anteriormente. Nuestro sistema judicial ha sido incapaz de catalogar los crímenes adecuadamente, indicando que nuestra transformación no ha sucedido verdaderamente. La comunidad LGBTI, junto con organizaciones de mujeres y de derechos humanos está haciendo campaña en contra de esto, apoyada por una amplia estructura social progresista. Los objetivos de la campaña incluyen el sistema judicial, pero también las comunidades en donde las violaciones y asesinatos ocurren, y estos incluyen actividades para crear conciencia, destinadas a crear comunidades que respeten todas las diversidades. Es una batalla larga y difícil.

Viviste en Ecuador por algunos años y has regresado a Sudáfrica recientemente. ¿En qué forma las mujeres lesbianas, bisexuales y trans son similares o diferentes en los dos continentes que conoces mejor, América Latina y África?

Hay similitudes que pueden atribuirse a una cierta calidad de vida que no existe en el Sur (África, Asia, América Latina y el Caribe). El Sur está marcado por altos niveles de pobreza, desempleo y así. Por lo tanto, las personas LGBTI son parte de esa realidad; y continuamente la batalla por la igualdad incluye la mejora del nivel económico y social.
Además, existen retos que vinculan nuestra lucha con el papel que juega la religión, la cultura y la tradición como una forma de “exclusión” de las personas LGBTI.

Los aspectos positives incluyen movimientos vibrantes y creativos que, especialmente en América Latina y el Caribe, han sido capaces de acomodar los temas de diversidad sexual en luchas más amplias de soberanía, justicia social, y alternativas a la clasificación de la globalización neo-liberal. Este sistema capitalista que convierte a las personas LGBTI en productos, por ejemplo, ha sido rechazado por los activistas de movimientos sociales o colectivos más amplios. Es una innovación.

En África nos enfrentamos a retos más grandes de los que América Latina y el Caribe han alcanzado en la última década. Construimos movimientos, y algunos de nosotros nos enfrentamos a la realización de estos inter-vínculos visibles y claros incluso entre las organizaciones LGBTI. En Sudáfrica, la comunidad LGBTI y las organizaciones no son activas en los movimientos sociales progresistas, a excepción de los movimientos de mujeres y anti-violencia. Hemos ganado algunas batallas, pero la lucha será larga antes de que una verdadera fuerza social de organizaciones LGBTI se haga presente.

Si pudieras regresar el tiempo, y basándote en tu experiencia y conocimientos actuales, ¿qué error no volverías a hacer en tu vida como activista?

Todos los errores que he cometido en mi vida han valido la pena, pues me han enseñado muchos de los valores y principios del activismo. Desearía sin embargo, que la dirección y visión que se manejan y comparten se alejaran del único “sendero” que se utiliza para la diversificación de actores. De este modo seríamos capaces de forjar un cierto “bienestar” para que los activistas puedan ser apoyados en nuestra lucha, y vean resultados positivos de los objetivos comunes que se establecen. Tenemos un gran reto en Sudáfrica, como la transmisión de experiencias a las generaciones más jóvenes, especialmente las que no están involucradas en la iniciativa ante-apartheid; desarrollando habilidades e ideas nuevas e innovadoras para la lucha; y construyendo un movimiento inter-generacional real, consciente de los múltiples niveles y realidades a enfrentar.

Entrevista a Phumi Mtetwa por Patricia Curzi, Mayo 2009

Traducción Ruben Alonso Sanchez


Pueden leer la traducción en inglés de este texto en la publicación de ILGA “Lesbian Movements: Ruptures & Alliances“, pagina 39.